
prometeme que no lo vas a volver a hacer, que no vas a volver a llamarle, ni a él ni a ningún otro, prometeme que no vas a permitir que te hagan daño, que no vas a dejar a nadie lanzar dados sobre tu corazón.
¿no vas a aprender nunca? muchas veces te he repetido la lección y nunca consigues recordarla. dejales entrar en tu casa, dejales entrar en tu cama, dejales entrar en tu cuerpo, pero jamás les dejes entrar en tu cabeza y mucho menos en tu corazón.
son todos igual de cobardes; se atreven contigo y con un par de copas y con un par de veces, pero no van más allá. quieren pasar la noche contigo, pero nunca se quedan a desayunar.
¿por qué vas a preocuparte por ellos si ellos no se preocupan por ti? no te ha servido de nada la angustia de pensar que él podría ser uno de los muertos, ¿verdad?
pensabas que después de varios meses desde la última llamada sin respuesta te preocuparía menos su existencia, los desprecios no sobrepasan el vacío y sigues extrañando su voz, al menos, al otro lado del telefono.
no te enamores, no los quieras, ni siquiera les tengas cariño, no te van a corresponder, se van a marchar para no volver jamás. no creas nunca que alguno es el definitivo, el principe azul que llevas toda la vida esperando, sólo conseguirás engañarte, volver a ilusionarte para descubrir que no es cierto, que lo azul sólo es maquillaje que se va con el agua, que las palabras bonitas esconden garras afiladas, que esperan a que aparezca tu corazón para hacerlo pedazos de nuevo.
no merece la pena el tiempo que pasas recomponiendolo despues y, al final, siempre falta alguna pieza, cada vez tiene más grietas, más remiendos.
no vuelvas a enamorarte nunca, no dejes que vuelvan a hacerte daño...



